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La piscina me salvó de la crisis

Hace quince años -eran otros tiempos- mi pareja y yo nos compramos una casita en el campo. Situada a diez kilómetros de nuestro trabajo, la ilusión diaria era volver a casa después de la jornada laboral. En nuestra casa pasamos unos años felices pero nos faltaba algo….
Ver crecer las plantas, escuchar el trino de los pájaros tenia un efecto relajante y reparador del estrés laboral, pero sentía que me faltaba algo.

Un día lo encontré: quería, necesitaba una piscina.

En un rincón del jardín, cerca de un manzano y abrigada por la casa, me instalé un modesta -por tamaño- piscina, que por clima tenia plenamente operativa durante siete de los doce meses del año. Invertí en ella 1.800 euros.

Todas las tardes, después del trabajo, llegaba a casa y me zambullía un rato en el agua. Después de hacer unas brazadas, me dejaba flotar libremente en el agua, disfrutando de la paz y el sosiego. Dentro del agua encontré respuestas a problemas que en el trabajo no conseguía resolver y mi rendimiento profesional mejoró.

Las noches calurosas, la piscina me refrescaba bajo la luz -y el influjo- de la luna. Y cuando venían los nietos -uno ya tiene una edad- la piscina se convertía en el mejor sitio para jugar y reír.

La piscina me dio muchísimas alegrías durante unos diez años…. hasta que llegó la crisis. Mi empresa, como muchas otras, tuvo problemas financieros y cerró. También yo tuve problemas de pareja y nos separamos. Eso -y la falta de empleo de los dos- nos obligó a vender nuestra casa.

Puse centenares de anuncios de venta y en dos años no solo no conseguí venderla, sino que cada vez tenia un precio inferior. Eso si, mientras seguía disfrutando de la paz de mi piscina.

Una tarde metido en el agua y pensando en mis problemas, me di cuenta que lo mejor de mi casa y de mi vida en aquel momento era mi piscina. Al día siguiente publiqué un nuevo anuncio de venta: “Vendo preciosa casa unifamiliar con jardín, garaje y una fantástica piscina”

Me llovieron las ofertas, a pesar que había incrementado su precio en 60.000 euros respecto del ultimo anuncio.

Quince días después firmábamos el contrato de compra-venta y con el dinero conseguí salir de la difícil situación económica y personal en que me encontraba. Si hubiese tardado dos meses mas en venderla, el banco me la habría embargado y yo estaría en la miseria. Como tantos otros. El comprador me confesó que ante el cúmulo de ofertas inmobiliarias disponibles, había elegido mi casa porque era la única que tenia una buena piscina. Calculé que entre compra y mantenimiento había invertido unos 2.500 euros… pero mejoré el precio de la casa en 60.000. Ademas de lo que disfruté de mi piscina.

Hoy, con otro trabajo y otra pareja, vivo de alquiler en la ciudad. Cuando llego a casa no puedo disfrutar de la piscina que tenia, pero sigo en la brecha intentando mejorar mi economía para, algún día, volver a disponer de mi propia casa -aunque sea pequeña- y mi piscina.

En todo caso cuando vuelva a ser propietario de una vivienda propia, procuraré que conserve el máximo valor, por si las cosas se vuelven a poner feas. La piscina ya me salvó una vez de la crisis y estoy seguro que si conviene volverá a hacerlo. A parte que no hay lujo mayor que tomarse una cervecita fresca, en buena compañía y con agua hasta el pecho.

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